Fin de trayecto

Todo tiene un principio y un final y en #Contextos hemos decidido que el final de este proyecto ha llegado, por lo menos por ahora. Cerramos una etapa porqué no tenemos ni tiempo ni fuerzas de prestar toda la dedicación que el proyecto requiere para que tenga la calidad deseada. Aún así, todos los artículos publicados hasta ahora seguiran a la disposición de los lectores pero no va a haber nuevas actualizaciones.

Queremos aprovechar para agradecer a todos los que durante este tiempo nos habéis seguido, comentado, apoyado y animado a seguir adelante y especialemente a quiénes habéis colaborado con vuestros textos y aportaciones. A todos, muchas gracias.

Un saludo y hasta pronto!

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8 años de resistencia no violenta en Palestina, y siguiendo!

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Es viernes, y como cada viernes desde hace ocho años, un grupo de activistas del pueblo de al-Ma’sara recorre en una manifestación no violenta sus calles hasta encontrarse con un muro de soldados israelíes que, también como cada viernes, les esperan cerrando el paso hacia las tierras agrícolas del pueblo. Hoy son una veintena de palestinas acompañadas de otras activistas, algunas israelíes y otras de diferentes países, que han decidido sumarse a la manifestación semanal en contra de la ocupación militar que viven las palestinas desde 1967. En esta ocasión , también participan en la protesta un grupo de percusión que da un toque festivo a la marcha, ya que celebran el octavo aniversario de la creación del comité de resistencia popular de al-Ma’sara. Desde entonces, cada viernes organizan una manifestación que pretende visibilizar las constantes violaciones de derechos humanos que sufren las palestinas en general y las vecinas de al-Ma’sara en concreto.

En esta población de unos 1.000 habitantes y a pocos kilómetros de Belén, en 2006 optaron por sumarse a los movimientos de resistencia no violenta que ya estaban activos en otras poblaciones palestinas, como por ejemplo Beit Umar o Bil’in, y que más adelante se integrarían en el Popular Struggle Coordination Committee (PSCC). Actualmente, el PSCC està integrado por comités arraigados en poblaciones de todo el territorio palestino que, aunque sufren la ocupación militar de diferentes maneras, comparten la opción no violenta de su lucha inspirada en la Primera Intifada y que se concreta en marchas, huelgas, protestas, acciones legales, y campañas como la de boicot, desinversión y sanciones (BDS).

En el caso de al-Ma’sara el comité comenzó a gestarse en 2005, cuando llegaron al pueblo las primeras noticias sobre la intención del gobierno de Israel de hacer pasar el muro por la zona. En ese momento, y siguiendo el modelo de otras experiencias exitosas de resistencia no violenta como la de Bi’lin, comenzaron a trabajar en la creación del comité, que nacería en 2006. Para Mahmoud Zwahre, uno de los miembros fundadores y todavía activo en el comité, la formalización del grupo representa una oportunidad para fortalecer la lucha y para compartir, debatir y difundir las opiniones de todas las personas que lo integran.

Durante los ocho años de actividad, el comité de al-Ma’sara “se ha convertido en un modelo de resistencia”, asegura Zwahre. Actualmente lo integran una decena de personas que organizan semanalmente la manifestación de los viernes. Esta es probablemente la acción más visible pero las activistas de al-Ma’sara también participan a menudo en muchas de las acciones organizadas por el PSCC o por otros comités de poblaciones vecinas. Por otra parte, en estos ocho años de acción han trabajado para crear vínculos de solidaridad en el extranjero, siempre con el objetivo de “llevar justicia, paz y libertad para Palestina”, explica Mahmoud Zwahre.

Desde 2006, el comité popular de al-Ma’sara también ha celebrado como propias las victorias de las poblaciones vecinas, como cuando en Bi’lin lograron detener la construcción del muro. Sin embargo, las activistas se sienten orgullosas, sobre todo, de haber conseguido detener los planes del ejército israelí que pretendía colocar una barrera en la entrada del pueblo que hubiera limitado el acceso de los campesinos a sus tierras. Pero para Mahmoud Zwahre el éxito más importante que han conseguido es que “los nuevos soldados de la resistencia no violenta del pueblo son una nueva generación que cree y está implicada en la resistencia popular”.

Así pues, las vecinas de al-Ma’asara han protagonizado ocho años de lucha no violenta con éxitos y con algunos fracasos, ya que por ejemplo no han conseguido detener los planes expansionistas de Israel para sus colonias y el pasado 31 de agosto el gobierno de Benjamin Netanyahu anunció una nueva expropiación de 400 hectáreas (ha) de terreno agrícola en los pueblos del entorno de Belén. Sin embargo, la resistencia no violenta en Palestina, lejos de debilitarse se fortalece con las nuevas agresiones israelíes. Así, después de este último anuncio y siguiendo el modelo de la lucha no violenta del PSCC y de comités como el de al-Ma’sara, está naciendo un nuevo comité en Wadi Fukin, una de las poblaciones más afectadas si finalmente se lleva a cabo esta nueva expropiación de tierras.

En Wadi Fukin, antes de la creación del estado de Israel disponían de unos 12.000 dunums, unas 1.200 ha.Després de la guerra de 1948 perdieron 900 ha y con el anuncio de confiscación del pasado 31 de agosto perderían 150 ha más. Por lo tanto, Wadi Fukin se quedaría con 150 ha, 20 de las cuales son en área B y el resto en área C, es decir, bajo control absoluto del ejército de Israel y donde las palestinas difícilmente consiguen permisos para construir nada. Ahmad Mohamed Sokar, alcalde de Wadi Fukin y uno de los impulsores del nuevo comité popular, explica que el espacio que les quedará disponible si se hace efectiva la expropiación sería insuficiente para los 1.300 habitantes que tiene la población. Pero incluso sin hacer efectiva la expropiación, Ahmad Mohamed Sokar explica que los soldados “muy a menudo impiden a los agricultores utilizar y rehabilitar sus tierras” y denuncia que a menudo cortan los olivos y dañan las áreas agrícolas.

Estos no son los únicos problemas de Wadi Fukin, ya que es una población que se encuentra entre la Línea Verde – establecida en 1949 para separar los territorios del nuevo estado de Israel y Cisjordania- y el muro que en 2002 Israel comenzó construir para separar físicamente sus territorios de Cisjordania. Además, Wadi Fukin está rodeado de colonias, algunas de las cuales se encuentran a pocos metros del pueblo. “También tenemos un gran problema con la colonia: tiran las aguas de la cloaca de Beitar Illit a nuestras tierras”, sigue explicando el alcalde. Esto ha provocado que unas 10 ha de terreno han quedado absolutamente inservibles porque están contaminadas por estas aguas. “Sería muy peligroso hacer nada”, dice.

En estos momentos Wadi Fukin tiene sólo un punto de acceso, de esta manera para llegar hasta algunas poblaciones vecinas como al-Jab’a o Nahhalin, que se encuentran a pocos kilómetros, tienen que hacer un grande rodeo. La anexión por parte de Israel de nuevos terrenos, además de la pérdida de tierra disponible, haría crecer el aislamiento de esta población: “Si los israelíes ponen en marcha su plan y confiscan la tierra estaremos como en una isla , a nuestro alrededor sólo habrá colonias “, lamenta el alcalde.

Ante esta situación, un grupo de personas del pueblo, han decidido que hay que reaccionar no sólo con acciones legales, como ya han hecho, sino movilizando a toda la población para visibilizar y denunciar públicamente la siutación de Wadi Fukin. Su voluntad de resistir se apoya en dos experiencias positivas. Por un lado, la movilización que ya se ha conseguido en otros pueblos palestinos donde desde hace años se lleva a cabo una estrategia de resistencia no violenta. Por otro, que el mismo pueblo de Wadi Fukin parte de una historia de éxito. Según explica su alcalde, Wadi Fukin fue el primer pueblo donde la gente retornó después de la Nakba (catástrofe) de 1948, en la que entre 700.000 y 900.000 palestinas tuvieron que abandonar sus hogares. Durante la guerra de 1948 la mayor parte de las casas de Wadi Fukin fueron derribadas por el ejército israelí y sus habitantes huyeron. Muchos se instalaron en el campo de refugiados de Dheisheh, al sur de Belén. Durante años, sin embargo, cada día volvían para trabajar las sus tierras y, finalmente, al cabo de más de 10 años, lograron recuperar sus casas y volver al pueblo.

Para no perder de nuevo parte de sus tierras y ver como el proyecto sionista de colonizar Palestina avanza, hace tres semanas que Ahmad Mohamed Sokar junto con otros vecinos del pueblo comenzaron a organizar diversas acciones intentando implicar a la mayor parte del vecindario posible . Mohamed Sokar explica que en alguna ocasión han llegado a ser hasta un centenar de personas pero desearía que fueran más. Comenta que muchas personas del pueblo no creen que este tipo de acciones puedan ser útiles y apuestan sólo por los procesos legales, por ir a los tribunales. Pero él y sus compañeros intentan convencerlas de que las manifestaciones, las marchas y otras acciones sirven para visibilizar los problemas de los habitantes de Wadi Fukin, no sólo entre las palestinas sino también entre la comunidad internacional y entre las mismas colonas israelíes.

En este sentido, el pasado viernes, al ver que no había asistido mucha gente a la manifestación que habían convocado, improvisaron una marcha entre los campos de olivos más cercanos a la colonia de Beitar Illit para explicar y demostrar a las familias que en ese momento estaban trabajando en la recogida de aceitunas que estaban a su lado. En la marcha, se improvisó un checkpoint palestino que impedía el acceso a los coches de los colonos que intentaban entrar en el pueblo.

El comité popular de resistencia no violenta de Wadi Fukin prevé constituirse formalmente en dos o tres semanas, cuando la campaña de recogida de las aceitunas haya terminado. Ahmad Mohamed Sokar explica que espera que sean entre 10 y 30 personas que se impliquen de manera permanente en el comité para seguir organizando acciones que movilicen el máximo de habitantes del pueblo y puedan detener, junto con las acciones legales, los planes de Israel de expropiar aún más tierras.

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Cuando la escalada de violencia israeliana no tiene fin

Los dos sospechosos del secuestro y asesinato de tres jóvenes colonos israelíes, Amer Abu Aisha y Marwan Qawasmeh, fueron asesinados por soldados israelíes el 23 de septiembre, en el barrio de Hai el Sharma, cerca de la Universidad de Hebrón. Los dos estaban escondidos en una tienda en el segundo piso de un edificio cuando los soldados abrieron fuego. Al día siguiente de la muerte de los dos hombres, la tensión era palpable en la ciudad y provocó fuertes enfrentamientos entre jóvenes palestinos y el ejército. El funeral tuvo lugar unas horas más tarde y los cuerpos fueron acompañados por las calles de la ciudad por cientos de personas.

La desaparición de los tres colonos en los territorios palestinos ocupados, a principios de junio, había provocado una larga espiral de violencia por parte de las Fuerzas de Ocupación Israelíes. La última acción militar de las cuales, que conllevó el asesinato de los dos sospechosos a finales de septiembre, es todavía la cola que se arrastra de la tensión y la violencia que se desencadenó tras la desaparición de los tres jóvenes.

Durante la investigación, dentro de la operación “Brothers Keeper”, se desplegaron miles de soldados israelíes en toda Cisjordania, en particular en la zona de Hebrón, donde centraron las indagaciones. Y mientras la narrativa de los medios de comunicación se centró de forma miope en la barbarie inaceptable del secuestro, el gobierno israelí aprovechó la ocasión para actuar con impunidad a la sombra del incidente y golpear el corazón de la sociedad civil palestina . De hecho, en pocas semanas fueron detenidos varios representantes de asociaciones y partidos políticos, muchos de los cuales habían sido puestos en libertad gracias al acuerdo Shalit en 2011 Durante la operación, que acabó con el descubrimiento de los cuerpos de los tres jóvenes israelíes el 30 de junio, se hicieron más de 560 detenciones, seis personas murieron, más de 120 resultaron heridas y 1.200 casas fueron asaltadas durante las violentas incursiones nocturnas de los soldados. Además, la demolición parcial de las casas de las dos familias de los sospechosos fue entendida no sólo como una venganza contra los dos hombres, sino también contra sus familias. Del mismo modo, el bloqueo de la ciudad y la orden de cierre de una fábrica de productos lácteos (derribada el pasado 31 de agosto) vinculada a la Caridad Islámica y cuyos beneficios se utilizaban para financiar varios orfanatos en Hebrón, tenían como objetivo infligir un castigo colectivo y ejemplar a toda la sociedad palestina.

Durante el mismo período, la coyuntura desfavorable de los acontecimientos tensó aún más la cuerda en áreas donde el ambiente ya era tenso. Jerusalén era una de esas: después del descubrimiento de los cuerpos de los tres jóvenes, un grupo de israelíes, que querían tomarse la justicia por su cuenta, secuestró y asesinó Mohammed Abu Khdeir, un chico de 15 años que vivía en el campo de refugiados de Shuafat. El crimen provocó numerosas protestas y manifestaciones que en general terminaron en escenas de guerrilla urbana.

Posteriormente, el 8 de julio, tras movilizar 1.500 reservistas, el primer minisitro de Israel, Benjamin Netanyahu, puso en marcha la operación “Protective Edge” en Gaza contra todo el aparato de Hamás: por un lado, en las semanas previas, su brazo armado había lanzado varios cohetes Qassam contra territorio israelí y, por el otro, los dos sospechosos estaban afiliados al partido, al menos según la versión israelí. Desde el principio, la muerte de los tres jóvenes apareció como una excusa descarada para alcanzar un objetivo político mucho más sofisticado: romper el reciente acuerdo para crear un gobierno de unidad entre Hamás y Fatah, demonizando la acción política de Hamás y dibujando sus miembros como terroristas, culpables de haber desencadenado la violencia del mes anterior.

Los 51 días de guerra contra Gaza han causado más de 2.100 muertos y miles de heridos. Se estima que la reconstrucción podría tardar hasta dos décadas. E inmediatamente después del alto el fuego en Gaza, la situación ha sido explicada principalmente sólo desde la dimensión de crisis humanitaria dejando de lado el aspecto político de la cuestión: el bloqueo de Gaza impuesto por Israel que hace más de siete años que dura y que condena a la población a vivir en una prisión al aire libre.

Pero lejos de las aspiraciones de Israel, por un lado Hamás ha salido reforzado del conflicto y ahora goza de un apoyo general tanto en Gaza como en Cisjordania. Por otra parte, la Autoridad Palestina ha visto como su apoyo popular quedaba reducido debido a la débil postura mantenida durante el conflicto de Gaza y de la desconfianza generada entre la población por la estrecha cooperación con Israel durante la búsqueda de los tres jóvenes desaparecidos. Pero la mayor derrota se la ha llevado el gobierno israelí, especialmente en clave interna pero no sólo: muchos de sus aliados internacionales han criticado las decisiones tomadas.

Para recuperar el apoyo del electorado y sus principales socios políticos, Netanyahu ha decidido continuar su ofensiva contra las palestinas de una manera más silenciosa. El 31 de agosto se hacía pública la noticia de la expropiación de más de 400 hectáreas de tierras palestinas en la zona de Belén, una de las mayores incautaciones en los últimos decenios.

En este escenario más bien pesimista, la única esperanza es la movilización de la sociedad palestina que durante los últimos meses ha demostrado ser capaz de organizar manifestaciones con una alta paticipación y reactivar las campañas de boicot. Todo ello ha provocado que, muy a menudo, se sienta a hablar del inicio de una tercera intifada.

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Después de Gaza, Israel recupera formas ya conocidas de castigo colectivo


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A finales de agosto, terminó una de las guerras más destructivas y violentas en Gaza. En Israel, el conflicto ha dejado a su primer ministro, Benjamin Netanyahu, en una drástica caída de popularidad y a Hamás con un apoyo creciente tanto en Cisjordania como en Gaza. Para recuperar la popularidad, el primer ministro israelí y su séquito han optado por exacerbar la política de ocupación en toda Cisjordania. Así que sin dejar de llevar a cabo detenciones y redadas arbitrarias, que dejaron de impresionar hace tiempo la opinión pública internacional, Israel también sigue aplicando el castigo colectivo a todas las palestinas. El 31 de agosto, para deleitar a su electorado de los asentamientos y su principal portavoz, Naftali Bennett, el primer ministro israelí anunció la anexión de 400 hectàreas de territorio palestino. Esta seria una de las mayores anexiones de territorio por parte de Israel desde los años 80 según denuncia la organización Peace Now.

En este contexto, una vez más, Hebrón se ha situado en el punto de mira de los ataques del ejército israelí con nuevas violaciones de derechos humanos y detenciones, y con la demolición, hace dos semanas, de dos casas y la fábrica de lácticos Al-Rayyan. Las dos casas derribadas pertenecían a las familias Abu Aisha y Qawasme. Su delito, ser las familias de los dos sospechosos del secuestro y el asesinato de tres jóvenes colonos el pasado junio.

La fábrica, en cambio, pertenecía a la Sociedad de Beneficencia Islámica y las ganancias se destinaban a financiar las actividades de los orfanatos que la entidad tiene en la ciudad de Hebrón. En junio, durante la operación militar Brother’s Keepers la factoría ya había recibido una orden de demolición, contra la que los directivos de la entidad presentaron un recurso ante la Corte Suprema de Israel. El 2 de agosto las Fuerzas de Ocupación de Israel confiscaron toda la maquinaria, sin embargo, los empleados habían seguido trabajando en los productos que podían elaborar manualmente. Exactamente un mes más tarde, sin dar aviso y sin ningún tipo de resolución judicial al recurso presentado contra la orden de demolición, la fábrica fue destruida por completo por los buldozzers del ejército.

Según el ejército las instalaciones no tenían los permisos de construcción a pesar de que había estado en funcionamiento durante los últimos años sin ningún tipo de problema. Según la junta de la Sociedad de Beneficencia Islámica, se trata de una acción de venganza motivada por su supuesta relación de la entidad con Hamás, cosa que niegan rotundamente. En cambio, la opinión del jefe de la fábrica es que el ejército los ha colocado en el punto de mira porqué ocupan unos terrenos que consideran estratégicos para colocar una base militar, ya que están encima de una colina y muy cercanos a la carretera 60. Dos casas vecinas también fueron arrasadas en la misma acción del ejército aunque no pertenecían a la organización de caridad ni estaban vinculadas a la fábrica.

Estas demoliciones son los casos más flagrantes de la represión que, más allá del alto al fuego, continúa viva y con fuerza en Cisjordania. Mientras en Gaza, igualmente, Israel sigue violando los acuerdos asumidos para detener la violencia, según denuncian, casi a diario, fuentes locales 

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Los trabajadores intentan recuperar algunos productos de la fábrica después de la demolición

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Pequeña historia de resistencia palestina

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Raji Abd Al Aziz entra regularmente en la colonia de Betar Illit para cultivar sus tierras. Este derecho, que no es habitual entre las palestinas, le costó 25 años de batalla legal. Pero a pesar de esta victoria, sigue luchando por sus tierras ahora contra los colonos, que no ven con buenos ojos la presencia de un palestino cerca de sus casas.

Hoy acompañamos a Raji Abd Al Aziz a sus tierras, que son de uso agrícola, y nos muestra orgulloso sus higueras, cargadas de fruta madura, y los olivos, que estarán listos para la cosecha en otoño. Las casas de los colonos están a pocos metros de distancia, aisladas sólo por una fina valla metálica. Las propiedades de la familia Al Aziz se encuentran dentro de la colonia de Betar Illit, al oeste de Belén. Para llegar, de hecho, hemos tenido que cruzar en coche la colonia pero en la entrada, a pesar de la matrícula palestina del vehículo, sólo nos han parado para anotar el número, ni siquiera han pedido los documentos.

En Betar Illit viven más de 35.000 colonos y está muy cerca del pueblo palestino de Hussan, donde vive Abd Al Aziz. Tanto la colonia como el pueblo forman parte de lo que se llama la “seam zone”, un área entre la línea verde de 1949 y el actual muro de segregación con una alta concentración de colonias ilegales. En Cisjordania, aunque las colonias están prohibidas por el derecho internacional y violan los derechos del pueblo palestino, las autoridades israelíes continúan planificando otras nuevas y apoderándose de más terreno. En este sentido, el último anuncio fue la semana pasada cuando el gobierno israelí hizo pública la confiscación de 400 hectáreas en los alrededores de Belén. Con esta práctica se fragmenta aún más el territorio palestino y la población queda encarcelada en bantustanes aislados del resto de la Cisjordania.

En general, a las palestinas no se les permite entrar en las colonias. Raji Abd Al Aziz, sin embargo, explica que desde 2007 él y su familia pueden hacerlo sin demasiados problemas gracias a la victoria obtenida después de una larga batalla legal en los tribunales israelíes. La disputa duró más de 25 años y les costó unos 7.000 dólares entre abogados y burocracia. Los 51 dunams (5,1 hectáreas) de tierra, que pertenecían a su familia desde hacía varias generaciones, en 1982 quedaron incluidas en los terrenos de la nueva colonia de Betar Illit que había que empezar a construir. Desde ese momento, su padre, Abd Al Aziz Sabatim, comenzó un largo y tortuoso camino legal de resistencia a la ocupación de su tierra, lo que permitió a sus hijos recuperar el derecho de utilizarla al cabo de 25 años. El padre, sin embargo, no vivió lo suficiente para disfrutar de esta victoria, que se había convertido en su batalla personal.

Cuando preguntamos a Raji Abd Al Aziz por las dificultades que ha encontrado en la convivencia con sus vecinos colonos, responde contando una larga lista de ataques entre los cuales hay árboles quemados, lanzamiento de piedras y otras agresiones que tienen siempre el objetivo de obstaculizar el trabajo de la tierra. La última amenaza se remonta al pasado mayo, cuando quemaron una cincuenta de olivos durante la noche. A pesar de este incidente, Abd Al Aziz asegura que la relación de vecindad ha mejorado con el tiempo, gracias en gran parte a los esfuerzos que él ha hecho en este sentido.

Pero los colonos quieren a cualquier precio este pedazo de tierra y no se han detenido con los ataques físicos. Según explica Raji Abd Al Aziz, más de una vez le han hecho jugosas ofertas para que la familia se venda estos terrenos. Recientemente les han ofrecido 35 millones de dólares y la posibilidad, para todos los miembros de la familia, de tener el pasaporte estadounidense a cambio de las tierras y de irse del país. Él ha renunciado.

Tener acceso a agua corriente también fue una verdadera batalla que tuvo que pasar por los tribunales: cuando Abd Al Aziz recuperó el terreno, un grupo de colonos le exigió el pago de 42.000 NIS (casi 9.000 €) por haber apagado un incendio . Raji Abd Al Aziz aceptó pagar a cambio de la posibilidad de tener agua corriente, argumentando que, así, en caso de que hubiera otro fuego podría apagarlo. Pero paralelamente consultó su abogado y decidió llevar también esta cuestión al tribunal israelí, que le dio la razón. El juez concluyó que Abd Al Aziz no tenía que cumplir con el pago porqué no existían pruebas de que realmente hubiera habido un incendio. Y sin embargo, ahora sigue teniendo acceso al agua.

Su victoria y su fe en la justicia, dice, habría que tomarlos como ejemplo para todas aquellas personas que se encuentran en la misma situación. Hay muchas familias que en las últimas décadas han perdido el derecho a sus propiedades. Por ello, Raji Abd Al Aziz cree que la Autoridad Palestina debería tener un papel activo en estas batallas legales y apoyar a todas las familias que deciden recurrir a la justicia. Pero en cambio, durante los más de 25 años que ha durado la lucha de la familia Al Aziz, dice que nunca han tenido ningún apoyo ni político, ni legal, ni económico por parte de la administración palestina.

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Hebrón se convierte en el escenario de una película israelí

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Una parte de la ciudad de Hebrón estos días se ha convertido en un set cinematográfico. Hasta aquí todo bien, si no fuera porqué filmar una película israelí en una ciudad que desde hace años está viviendo la ocupación sionista se convierte en un medio para poner aún más de manifiesto el desequilibrio de fuerzas entre la población palestina y los colonos. La película, ambientada en el período del mandato británico, se centrará en la masacre de 1929 en la cual 67 judíos y 9 palestinos fueron asesinados en la ciudad. Según la narrativa israelí la masacre ha sido a menudo instrumentalizada para justificar la ocupación de la ciudad. A partir de hoy una parte de la ciudad vieja de Hebron se encuentra bajo un estricto control de las fuerzas israelíes y el paso de los palestinos será revisado por los soldados, hasta que el final del rodaje.


Más fotos: https://flic.kr/s/aHsk1Yx3sa

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Alumnos protestan en Hebrón para pedir la apertura del checkpoint

Niñas y niños palestinos manifestandose para pedir la apertura del checkpoint que les permite llegar a su escuela. Clique la imagen para ver más fotos.

Niñas y niños palestinos manifestandose para pedir la apertura del checkpoint que les permite llegar a su escuela. Clique la imagen para ver más fotos.

HEBRON. El cierre del checkpointl 56, después del incendio de hace unos días, ha causado muchas dificultades para la población palestina, que ha visto negado sistematicamente el paso de una parte a otra de la ciudad. El pasado martes, un grup de alumnos, sus padres y maestros se manifestaron pacificamente contra este cierre y exigieron la reapertura del paso que les permite llegar a la escuela. Desde entonces, se permite el paso por el checkpoint a los profesores y sus alumnos pero para el resto de vecinos la libertad de movimiento en su ciudad està restringida.

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