Pequeña historia de resistencia palestina

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Raji Abd Al Aziz entra regularmente en la colonia de Betar Illit para cultivar sus tierras. Este derecho, que no es habitual entre las palestinas, le costó 25 años de batalla legal. Pero a pesar de esta victoria, sigue luchando por sus tierras ahora contra los colonos, que no ven con buenos ojos la presencia de un palestino cerca de sus casas.

Hoy acompañamos a Raji Abd Al Aziz a sus tierras, que son de uso agrícola, y nos muestra orgulloso sus higueras, cargadas de fruta madura, y los olivos, que estarán listos para la cosecha en otoño. Las casas de los colonos están a pocos metros de distancia, aisladas sólo por una fina valla metálica. Las propiedades de la familia Al Aziz se encuentran dentro de la colonia de Betar Illit, al oeste de Belén. Para llegar, de hecho, hemos tenido que cruzar en coche la colonia pero en la entrada, a pesar de la matrícula palestina del vehículo, sólo nos han parado para anotar el número, ni siquiera han pedido los documentos.

En Betar Illit viven más de 35.000 colonos y está muy cerca del pueblo palestino de Hussan, donde vive Abd Al Aziz. Tanto la colonia como el pueblo forman parte de lo que se llama la “seam zone”, un área entre la línea verde de 1949 y el actual muro de segregación con una alta concentración de colonias ilegales. En Cisjordania, aunque las colonias están prohibidas por el derecho internacional y violan los derechos del pueblo palestino, las autoridades israelíes continúan planificando otras nuevas y apoderándose de más terreno. En este sentido, el último anuncio fue la semana pasada cuando el gobierno israelí hizo pública la confiscación de 400 hectáreas en los alrededores de Belén. Con esta práctica se fragmenta aún más el territorio palestino y la población queda encarcelada en bantustanes aislados del resto de la Cisjordania.

En general, a las palestinas no se les permite entrar en las colonias. Raji Abd Al Aziz, sin embargo, explica que desde 2007 él y su familia pueden hacerlo sin demasiados problemas gracias a la victoria obtenida después de una larga batalla legal en los tribunales israelíes. La disputa duró más de 25 años y les costó unos 7.000 dólares entre abogados y burocracia. Los 51 dunams (5,1 hectáreas) de tierra, que pertenecían a su familia desde hacía varias generaciones, en 1982 quedaron incluidas en los terrenos de la nueva colonia de Betar Illit que había que empezar a construir. Desde ese momento, su padre, Abd Al Aziz Sabatim, comenzó un largo y tortuoso camino legal de resistencia a la ocupación de su tierra, lo que permitió a sus hijos recuperar el derecho de utilizarla al cabo de 25 años. El padre, sin embargo, no vivió lo suficiente para disfrutar de esta victoria, que se había convertido en su batalla personal.

Cuando preguntamos a Raji Abd Al Aziz por las dificultades que ha encontrado en la convivencia con sus vecinos colonos, responde contando una larga lista de ataques entre los cuales hay árboles quemados, lanzamiento de piedras y otras agresiones que tienen siempre el objetivo de obstaculizar el trabajo de la tierra. La última amenaza se remonta al pasado mayo, cuando quemaron una cincuenta de olivos durante la noche. A pesar de este incidente, Abd Al Aziz asegura que la relación de vecindad ha mejorado con el tiempo, gracias en gran parte a los esfuerzos que él ha hecho en este sentido.

Pero los colonos quieren a cualquier precio este pedazo de tierra y no se han detenido con los ataques físicos. Según explica Raji Abd Al Aziz, más de una vez le han hecho jugosas ofertas para que la familia se venda estos terrenos. Recientemente les han ofrecido 35 millones de dólares y la posibilidad, para todos los miembros de la familia, de tener el pasaporte estadounidense a cambio de las tierras y de irse del país. Él ha renunciado.

Tener acceso a agua corriente también fue una verdadera batalla que tuvo que pasar por los tribunales: cuando Abd Al Aziz recuperó el terreno, un grupo de colonos le exigió el pago de 42.000 NIS (casi 9.000 €) por haber apagado un incendio . Raji Abd Al Aziz aceptó pagar a cambio de la posibilidad de tener agua corriente, argumentando que, así, en caso de que hubiera otro fuego podría apagarlo. Pero paralelamente consultó su abogado y decidió llevar también esta cuestión al tribunal israelí, que le dio la razón. El juez concluyó que Abd Al Aziz no tenía que cumplir con el pago porqué no existían pruebas de que realmente hubiera habido un incendio. Y sin embargo, ahora sigue teniendo acceso al agua.

Su victoria y su fe en la justicia, dice, habría que tomarlos como ejemplo para todas aquellas personas que se encuentran en la misma situación. Hay muchas familias que en las últimas décadas han perdido el derecho a sus propiedades. Por ello, Raji Abd Al Aziz cree que la Autoridad Palestina debería tener un papel activo en estas batallas legales y apoyar a todas las familias que deciden recurrir a la justicia. Pero en cambio, durante los más de 25 años que ha durado la lucha de la familia Al Aziz, dice que nunca han tenido ningún apoyo ni político, ni legal, ni económico por parte de la administración palestina.

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