Después de Gaza, Israel recupera formas ya conocidas de castigo colectivo


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A finales de agosto, terminó una de las guerras más destructivas y violentas en Gaza. En Israel, el conflicto ha dejado a su primer ministro, Benjamin Netanyahu, en una drástica caída de popularidad y a Hamás con un apoyo creciente tanto en Cisjordania como en Gaza. Para recuperar la popularidad, el primer ministro israelí y su séquito han optado por exacerbar la política de ocupación en toda Cisjordania. Así que sin dejar de llevar a cabo detenciones y redadas arbitrarias, que dejaron de impresionar hace tiempo la opinión pública internacional, Israel también sigue aplicando el castigo colectivo a todas las palestinas. El 31 de agosto, para deleitar a su electorado de los asentamientos y su principal portavoz, Naftali Bennett, el primer ministro israelí anunció la anexión de 400 hectàreas de territorio palestino. Esta seria una de las mayores anexiones de territorio por parte de Israel desde los años 80 según denuncia la organización Peace Now.

En este contexto, una vez más, Hebrón se ha situado en el punto de mira de los ataques del ejército israelí con nuevas violaciones de derechos humanos y detenciones, y con la demolición, hace dos semanas, de dos casas y la fábrica de lácticos Al-Rayyan. Las dos casas derribadas pertenecían a las familias Abu Aisha y Qawasme. Su delito, ser las familias de los dos sospechosos del secuestro y el asesinato de tres jóvenes colonos el pasado junio.

La fábrica, en cambio, pertenecía a la Sociedad de Beneficencia Islámica y las ganancias se destinaban a financiar las actividades de los orfanatos que la entidad tiene en la ciudad de Hebrón. En junio, durante la operación militar Brother’s Keepers la factoría ya había recibido una orden de demolición, contra la que los directivos de la entidad presentaron un recurso ante la Corte Suprema de Israel. El 2 de agosto las Fuerzas de Ocupación de Israel confiscaron toda la maquinaria, sin embargo, los empleados habían seguido trabajando en los productos que podían elaborar manualmente. Exactamente un mes más tarde, sin dar aviso y sin ningún tipo de resolución judicial al recurso presentado contra la orden de demolición, la fábrica fue destruida por completo por los buldozzers del ejército.

Según el ejército las instalaciones no tenían los permisos de construcción a pesar de que había estado en funcionamiento durante los últimos años sin ningún tipo de problema. Según la junta de la Sociedad de Beneficencia Islámica, se trata de una acción de venganza motivada por su supuesta relación de la entidad con Hamás, cosa que niegan rotundamente. En cambio, la opinión del jefe de la fábrica es que el ejército los ha colocado en el punto de mira porqué ocupan unos terrenos que consideran estratégicos para colocar una base militar, ya que están encima de una colina y muy cercanos a la carretera 60. Dos casas vecinas también fueron arrasadas en la misma acción del ejército aunque no pertenecían a la organización de caridad ni estaban vinculadas a la fábrica.

Estas demoliciones son los casos más flagrantes de la represión que, más allá del alto al fuego, continúa viva y con fuerza en Cisjordania. Mientras en Gaza, igualmente, Israel sigue violando los acuerdos asumidos para detener la violencia, según denuncian, casi a diario, fuentes locales 

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Los trabajadores intentan recuperar algunos productos de la fábrica después de la demolición

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Quant a Queralt Gómez - Periodista

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